El fantasma de la fábrica abandonada de Detroit es de carne y hueso

¿Te gustaría vivir en una legendaria fábrica de autos abandonada? Conoce la fantástica historia de Allan Hill, el sujeto que dijo que sí.

alan_hill

En una vieja y abandonada planta automotriz que perfectamente podría ser el escenario de alguna película del genero gore, como “Hostal” o “Saw”, vive un anciano de aspecto apacible, de caballera y barba prolijas, quien ha creado una suerte de ecosistema surrealista entre metales retorcidos, perros, edificios vacíos colindantes, autopartes y accesorios industriales. Su nombre es Allan Hill, y lleva viviendo en la planta de autos Packard de Detroit más de siete años.

Pero no se confundan, no se trata de ningún indigente que ha ocupado de forma ilegitima esta enorme propiedad, para nada…

Tampoco es el caso de un ermitaño que odia el trato con la gente, o un tipo rudo, vulgar y que ha perdido la noción de la realidad. Por el contrario, es una persona interesante, con tema de conversación, y lo más sorprendente es que desde ese mismo cementerio automotriz ha conocido a gente muy importante del mundo cultural.

allan_hill-2

Entre los que se pueden destacar está el renombrado cineasta Michael Bay, el fotógrafo y artista plástico Scott Hocking, o periodistas de diferentes medios que se han interesado por su historia.  Además de estas notables visitas, nunca faltan curiosos que se aproximan para contemplar lo que un día fue uno de los corazones de la industria motorizada de los EE.UU.

La historia de Allan Hill  es una de esas historias curiosas que nos hacen ver que las cosas no siempre son lo que aparentan. En ese “mundo paralelo” donde él vive al margen de la sociedad, no le falta nada para experimentar que vive plenamente y sentirse afortunado de la vida que le tocó en suerte.

Cuenta con una modesta cocina, una PC con internet, una soldadora, toneladas de metales de autos  regados por doquier y una jauría de inquietos rottweilers. Lo necesario para mantener un estilo de vida digno, según sus propias palabras. Y es que la felicidad, por lo visto, esta en la actitud, está en uno mismo, y qué mejor ejemplo que el recientemente célebre Mr. Hill, para enseñárnoslo con una cátedra de vida.

Cuando cerró la planta de Detroit, el propio dueño le propuso al buen Allan que viviera en el recinto automotriz, a cambio de cumplir con la función de cuidador, oferta que aceptó casi instantáneamente, pese al aparente aislamiento social que esta decisión implicaba.

Por supuesto, dentro del trato se pactó un salario para cubrir sus necesidades que, de por sí, son bastante básicas.

Como es de esperarse Allan Hill, el apacible anciano de la vieja y abandonada fábrica de autos de Detroit, no tiene pensado entre sus próximos planes retirarse de este lugar que muchos han llegado a catalogar “un sitio de culto”, por el valor histórico que representó en su época para la industria de carros. Por lo pronto, si alguno de ustedes tiene pensado viajar a Detroit, no se olviden de visitar a este noble anciano con aspecto de un Moisés del desierto.

Fotos y fuente: Jalopnik